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La Cardincha

La cardincha, también llamada Carlina (carlina acaulis) o Eguzkilore en euskera, es un símbolo pirenaico  . Crece abundante en los pastizales del Pirineo y basta con dar un paseo por los pueblos para encontrarla colgada en muchas de las puertas de las casas.

Cuenta la tradición que la cardincha tiene un inmenso poder protector. Ayuda a evitar plagas, enfermedades y desgracias. Representa al mismísimo sol y espanta a los espíritus, brujas y seres malignos que llenos de maldad y oscuridad se acerquen a nuestros hogares. Para que su poder sea eficaz debe recogerse en la mañana de San Juan y colocarse en la entrada de casas, bordas y corrales.

En el Pirineo, dice la leyenda que las brujas y brujos salen cada noche y recorren nuestras calles. Deambulan por nuestros valles y pueblos haciendo conjuros y maldaus. Sin embargo, también son seres tremendamente inquietos y curiosos. Por ello, cuando se encuentran con una cardincha no pueden evitar ponerse a contar todos y cada uno de los pelos y espinas que tiene en su centro. De esta forma, a las brujas les sorprende el alba y tienen que marcharse antes de poder entrar en las casas.

También se cree que la cardincha es un símbolo pagano de culto solar. Se cuenta que su hermosura y su perfección hacía que los malos espíritus la confundieran con el mismo sol y huyeran espantados. Además, la herencia del culto al sol en nuestras montañas, está muy extendida. Si nos fijamos, otros símbolos tradicionales como religadas o rosetas también son representaciones solares. Muy presentes en tallas de madera y piedra.

 

Colgante de acero quirúrgico en forma de Cardincha 

Además, las cardinchas son un buen indicador meteorológico. Cuando se acerca lluvia o una gran tormenta, las hojas se repliegan. Y al contrario, cuando hace buen tiempo se extienden. De esta forma, al salir de casa podemos saber el día que tenemos por delante.